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LA IZQUIERDA CRISTIANA DE CHILE EN EL DÍA DEL TRABAJADOR/ANUESTRO MUNDO DEBE CAMBIAR ¡AHORA!




Valparaíso, 1º de mayo de 2021.


Una de nuestra tareas es que el concepto del trabajo y del trabajador/a debe cambiar profundamente, en el más amplio aspecto social y político, es necesario crear una conciencia de que el trabajo no puede ser jamás un objeto de explotación, un medio de enriquecimiento para una minoría privilegiada; no puede hacer a hombres y mujeres esclavos modernos al servicios de consorcios y empresas.


El trabajo es fuente de riqueza y eso significa que podemos lograr desarrollo económico, pensando y haciendo que este sea para todos/as. Ya que en los trabajadores/as es donde se sitúa la dirección, la administración, la inteligencia, la experiencia, podemos y debemos construir otros modelos de desarrollo.


Porque creemos que las personas no son movidas por el interés, la competencia y el egoísmo. Porque creemos que los pueblos y las personas poseen las virtudes de la solidaridad y la fraternidad, sentimientos desinteresados y generosos, debemos terminar con los modelos sociales que consideraban a los seres humanos como capaces de devorarse unos a otros, e incapaces de prescindir de esa ideología del individualismo y utilitarismo.


Chile ha avanzado en la construcción de espacios de libertad y en su emancipación de los valores sostenedores de modelo neoliberal, octubre de 2019 fue un ejemplo de ello, pero no es suficiente, hay que seguir creando conciencia en la clase trabajadora para que sea capaz de hacer una crítica profunda a los excesos y abusos de la globalización económica, la que en el ámbito del trabajo exacerbó la precariedad laboral, la informalidad. Esto porque el modelo capitalista no pone el acento en la protección del trabajo, ni en la protección de la vida de trabajadores y trabajadoras; no considera que la falta de trabajo quita dignidad a las personas e impide la plenitud de la vida humana.


Es por ello que creemos que es un deber de los Estados y las empresas de materializar: la igualdad hombre-mujer y, que ello se exprese en primer lugar en la igualdad salarial; y la dignidad del trabajo para todos/as.

Parafraseando a Francisco, el trabajo tiene que ser “libre, creativo, participativo y solidario”, debe elevar la dignidad de las personas. Hay que buscar y encontrar la verdadera libertad del trabajo, el dinero que nos reporta es solo una dimensión de este, el aporte a la sociedad con lo que hacemos, más el elemento de la realización personal que nos provoca, son dimensiones esenciales del trabajo que hay que rescatar y tener presente para la dignificación del mismo.

Solo así avanzaremos en una clara condena de las opresiones que existen de un hombre/mujer hacia otros /as y de ciertas organizaciones empresariales que son verdaderamente esclavistas y que, ahora de modos más sutiles, igualmente oprimen a los más pobres.

En particular son demasiados los niños/as y mujeres que se someten a una economía que obliga a un trabajo indigno.

“Para poder incidir en la realidad, el hombre está llamado a expresar el trabajo según la lógica que más le es propia, esa relacional, es decir, ver siempre en el fin del trabajo el rostro del otro y la colaboración responsable con otras personas”, ha sostenido Francisco.

Nos parece importante hacer notar en este análisis que junto a los grupos, organizaciones y partidos de izquierda, fue la iglesia Católica la que, a partir de su experiencia solidaria con las comunidades, se pronunció de manera categórica frente a la crítica situación de desigualdad y precariedad social que vive y vivía América Latina.

Dos documentos son referentes en ese sentido: el de Medellín durante la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en 1968; y el de la Tercera Conferencia realizada en Puebla en 1979.

En la declaración de Medellín, hay un compromiso a fondo de la Iglesia con la situación social y política, al expresar que quiere sentir los problemas de América Latina, percibir sus exigencias, compartir las angustias, descubrir los cambios y colaborar con las soluciones. Menciona además, las condiciones de vida menos humanas como las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo.

Habla de “las estructuras opresoras”, que provienen del abuso del tener y del poder, de las explotaciones de los trabajadores/as y de la injusticia de las transacciones. Exhorta a vivir en condiciones de vida más humanas superando las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura, el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la cooperación en el bien común, la voluntad de la paz, y el reconocimiento por parte del hombre de los valores supremos.

Entre tanto, el documento de Puebla hace énfasis en una distribución más justa de los bienes y las oportunidades. Oportunidad de tener un trabajo justamente distribuido que permita el sustento de la familia y la disminución de la indigencia. En Puebla la Iglesia expresa con claridad que no es posible para un cristiano prescindir de la justicia social y de la liberación integral del hombre.

Esto nos exige una respuesta hoy, ya que las injusticias sociales son un escándalo para la humanidad y por ello los trabajadores y trabajadoras somos artífices de una sociedad que debe cambiar ¡ahora!.

Ven-seremos

DIRECCIÓN NACIONAL DE LA IZQUIERDA CRISTIANA DE CHILE.

FERNANDO ASTUDILLO BECERRA (Presidente), HÉCTOR SOTO, HUMBERTO GONZÁLEZ, BRAYAN GALAZ.

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